((Noticia Publicada por el Periódico de Aragón el 26 de mayo de 2008 3:55))
Necesitamos familias que deseen acoger durante este verano a alguno de los 50 niños procedentes de una zona minera de Bielorrusia, con el fin de que tengan la posibilidad de disfrutar de un aire más puro y sano frente a la contaminación radiactiva que aún persiste en su país después de 22 años del accidente nuclear de Chernobil, el mayor de la historia». Miguel Ángel Albas, presidente de Ánade, asociación de utilidad pública, civil e independiente, alude a la solidaridad de los aragoneses para compartir con estos niños el tiempo de verano que puedan, una acción que se hace desde hace más de una década.
Los niños tienen entre 8 y 14 años y vienen en autobús, acompañados por varios monitores, para un mes y medio: desde el 3 de julio hasta mitad de agosto. «En principio su estancia está garantizada en el campamento que nuestra entidad organiza cada verano en el Pirineo aragonés, en el valle de Aragués del Puerto, pero para que no se les haga tan largo nos parece interesante que puedan también compaginarlo con la convivencia y estancia en una familia». Por el momento, este programa de acogida, autorizado y avalado por el Gobierno de Aragón, cuenta en esta edición con 18 familias voluntarios, pero todavía son insuficientes. «Lo ideal sería contar con 50, una por niño, porque además son críos encantadores que te devuelven más cariño del que nosotros podemos darles. Son chavales sanos, simpáticos, muy educados, e incapaces de levantarse de la mesa sin agradecerte la comida o cualquier detalle que tengas hacia ellos. Son además críos con un nivel muy alto de inglés, en general, mucho mayor de los que tienen nuestros niños españoles, suelen ser cultos y con una amplia formación musical», explica el promotor de esta iniciativa.
Y es que Miguel Ángel se quedó sorprendido cuando comenzó a conocer de cerca los devastadores efectos secundarios y a largo plazo del accidente nuclear de Chernobil, que aunque tuvo lugar en el norte de Ucrania, las nubes tóxicas se cebaron especialmente con Bielorrusia. Desde que en 1986 se produjera esta catástrofe nuclear se han registrado más de 25.000 muertes directas y al menos 7 millones de personas han sido contaminadas por la radiactividad.
«Estos niños que vienen a España no están enfermos, sino sanos, pero necesitan respirar aire puro, tomar alimentos sanos y no contaminados, porque sus suelos contienen radiactividad, que se calcula no se eliminará hasta que pasen cien años. Lo que se les ofrece con esta estancia solidaria es la posibilidad de renovar su sangre».
Él mismo comprobó hace ya diez años al visitar un hospital de Minsk, capital de Bielorrusia, el elevado número de niños ingresados en Oncología. «Había cientos, de tal manera, que cada una de las estancias estaban financiadas específicamente por países, desde Japón a EEUU. Por eso, este verano tenemos la oportunidad de ofrecer a estos 50 niños acogidos una dosis de salud», insiste. Entre los requisitos para participar –el contacto es 976 27 44 26– es suficiente con firmar una acreditación de la DGA, en la que se especifica que este acogimiento no es una adopción. Nada más.
Ahora se nos plantea el problema con niños Ucranianos que no tienen familia y necesitan ser acogidos.